San Pietro
Latía fuerte el corazón, agitado en la emoción de ver nuevamente su rostro petreo, impertérrito, frío...
Su tez blanca marmoleada, su mirada perdida casi escatológica, sus brazos y sus manos mostraban sus venas hinchadas, sus piernas estallaban esculpidas en musculosos témpanos de hielo, girada su cabeza desafiante hacia un horizonte infinito...
Mi voz se entrecortaba compungida cuando intentaba describirte tanta belleza, y en la solemnidad del momento me mirabas de reojo asombrada en lo que a mi me perturbaba.
Yo ya conocía esa mirada tuya, la había visto otras veces. En ese abandono emocional al que yo me exponía buscabas siempre mi mano que apretabas y acariciabas licenciosa... Mi debilidad te parecía tan sensual... también te divertía... Y de manera natural acertabas a envolverme en un instinto protector que me rescataba de mi nostalgia mostrándome tu camino.
Rendido, yo no sabía si dejar caer mi cabeza en tu regazo o hacerte el amor.
Su tez blanca marmoleada, su mirada perdida casi escatológica, sus brazos y sus manos mostraban sus venas hinchadas, sus piernas estallaban esculpidas en musculosos témpanos de hielo, girada su cabeza desafiante hacia un horizonte infinito...
Mi voz se entrecortaba compungida cuando intentaba describirte tanta belleza, y en la solemnidad del momento me mirabas de reojo asombrada en lo que a mi me perturbaba.
Yo ya conocía esa mirada tuya, la había visto otras veces. En ese abandono emocional al que yo me exponía buscabas siempre mi mano que apretabas y acariciabas licenciosa... Mi debilidad te parecía tan sensual... también te divertía... Y de manera natural acertabas a envolverme en un instinto protector que me rescataba de mi nostalgia mostrándome tu camino.
Rendido, yo no sabía si dejar caer mi cabeza en tu regazo o hacerte el amor.
Esa fue nuestra primera vez en San Pietro in Vincoli y así y desde entonces me sentí yo siempre a ti... ¡Encadenado!



Comentarios
Publicar un comentario