Cuando me vestías
Antes de salir a la calle, mientras bajabamos en el ascensor, alzabas el cuello de mi chaqueta para protegerme del frío. Tenías con frecuencia esos repentinos movimientos que con espontaneidad lanzaban tus manos hacia mi cuerpo, haciéndome prisionero de tus manías.
Eran a veces los puños de mi camisa los que te entretenían para ajustarlos al jersey... Otras tantas algún botón desobediente apunto de abrirse, o el nudo de la corbata para terminar de ceñirlo a tu gusto...
Gracioso era ver como tus manos intentaban alisar mi camisa tratando de eliminar algun pliegue rebelde... Te gustaba tanto repasarme...
Tiernamente escudriñabas los detalles de mi vestimenta y me hablabas bajito mientras lanzabas miradas que repasaban tu minuciosa tarea. Y cuando todo parecía estar en su sitio y en su orden te acercabas a mi cuello, me olias, me inspirabas, llenabas tus pulmones de mi.
Yo acertaba a adivinar lo que dicho ritual suponía para ti y te dejaba hacer obediente, casi sumiso... Esta faceta del querer tan maternal no era más que una muestra de las tantas formas en las que sabía que me amabas, donde yo atendía fascinado sin mediar palabra... Aunque nunca entendí esa costumbre de mirar la hora torciendo mi muñeca para ver que marcaba mi reloj en vez del tuyo... Era irritántemente romántico... Parecía como si todo yo fueses tú ajustándose a tu gusto y forma... una prolongación de ti, un espectro de ti, una sombra de ti, una huella tuya, tu halo, tu olor, tu esencia y tu perfume... tu rastro, tu recuerdo, tu pasado y tu olvido, tu vacío...
Y cuando el ascensor tocaba a su fin, sellabas tu meticuloso examen aprobándome con un beso casi robado, orgullosa... Antes de salir repasabas con tu dedo la más mínima marca de carmín que mi lengua tímida no se atrevería nunca a limpiar, aun menos mis labios tan bien educados, ni mi boca cómplice y serena, por ti adormecida...
.jpg)


Comentarios
Publicar un comentario