Mi pequeño animal

Esto no es un relato cualquiera, aunque tampoco será un texto lírico, ni un ensayo, ni un diario, ni lo convertiré si quiera en poema... Quizás una simple carta, una necesidad de expresar en pocas palabras nuestra historia, una historia real, de sentimientos poderosos entre un hombre y un pequeño animal.
No quisiera entrar en profunda retórica, tan solo dedicar unas palabras al cariño que he sentido por ti todo este tiempo. Siento la necesidad de perpetuar este sangrante momento, un obligado y doloroso homenaje póstumo, valorarte en la medida que te mereces, pero sobre todo, se trata de unas líneas de agradecimiento sincero que me salen del alma, de tristeza pura al recordarte, al imaginarte, al escribirte.
No mencionaré tu nombre, pues a veces me parece esto tan ridículo que ni a mi mismo me lo cuento, pero necesitaba decirte que te echo mucho de menos, que te añoro con infinita melancolía.
Gracias por las risas, por las miradas tiernas, por tu consuelo en mis primeras soledades forzosas, por tu simpatía, por la fascinación con la que provocabas que te admirara, por todo lo que me diste en pequeñas dosis sinceras, por despertar sentimientos arrinconados, por los besos y arrumacos… pero sobre todo, por las eternas sesiones diarias de compañía, por elegirme como pareja, por tu querer sumiso e inconsciente, por hacer que cuando escribo esto tenga el corazon arrugado y tan retorcido que llegue a sentir que me estalla el pecho.
Esto es para ti pequeño animal, porque te has ganado un hueco grande en mi memoria, en la cual permanecerás hasta los instantes finales de mi vida en el que, una vez apagado mi corazón, levante el vuelo mi espíritu libre como tú, aquel día.


Comentarios
Publicar un comentario