La vuelta a casa

Llegaba a casa después de varias semanas de viaje y mientras esperaba el ascensor y buscaba las llaves en el bolso no podía evitar la imagen de la perra pegada a la puerta, olisqueando por la rendija del portón, agitando su rabito eléctricamente, gimiendo de impaciencia, taconeando con sus patas delanteras, excitada... 

Y de repente, fué también consciente que le esperaban en casa marido e hijo, por un momento se sintió incómoda, estúpida más bien, no podía dejar de culparse por ese lapsus mental, corregía a toda prisa el orden jerárquico familiar. 

A contrareloj colocó a cada uno en el estatus que le correspondía y no sin mala conciencia suspiró una vez logró recomponer el orden  establecido...

Y en todo esto pensaba cuando al girar la llave soltó bruscamente el bolso y abrazaba al bicho con las lágrimas saltadas...


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