A Jesús
En la travesía que nos conduce hacia la última morada, elegiste transitar por el camino más largo.
Un agónico peregrinar con el que castigaste tu aliento.
En ese escarpado sendero encontraste bastón y sayo, y generosas viandas que aliviaban tu esfuerzo.
No fue esta vez la muerte tan ingrata y se dejó ver indulgente más de un día.
Comprobando que puede ser la vida bella en su crudeza.
Desnudando miserias para aliviar fatigas.
Entonces, ¿Qué fue de la vergüenza? Aprendí que es torpe, vana e
inútil consejera,
y sin rubor ni sofoco fuiste maestro donde nunca antes imaginé ser pupilo.
Y fui iluminado con el calor de tus manos, en la templanza de tu rostro acicalado, en los secretos velados tras guiñarme un ojo.
Es curioso contemplar como se muestra la vida inversa cuando llega el momento,
y acudir a tu llanto contenido con abdicación y desvelo.
Volver a arroparte, contarte cuentos y pedir a Morfeo que te venza el dulce sueño,
aunque esta vez sea para siempre y acuda acompañado del descanso eterno.
A mi suegro, Jesús María Aleu Coca.



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