¡Ay! Misero de ti

Un ánima contrita prepara su maleta,
Responde a la llamada del cielo y el averno.

En el altar de las almas yace escondida,
Esperando el resultado de su virtud y su vicio.

Ríe la voluntad,
Tiembla su bondad.

¿Quién sentencia mis actos?, ¿tu?
¿Por qué juzgáis desde el inicio de los tiempos?

Resumen tu vida cuantos te acompañan,
Y en su número sentencian tu pena y tu gloria.

Quien lo merezca encontrará consuelo, 
Alargando el olvido de aquellos que te extrañan.

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