Con nocturnidad y alevosía
Embelesado por el aterciopelado intermezzo que seduce a mis oidos,
adormecido mi espíritu mecido por los recuerdos,
he vuelto a contemplar tu joven y pletórica figura, de cuerpo bisoño, terso, exagerado...
Desbordante belleza, voluptuosidad entregada que yo bebía a borbotones.
Cuanta exuberancia, cuanta firmeza, cuanto atrevimiento.
Un manantial de deseos donde derramaba mi lujuria.
¿Te acuerdas?
¿Te acuerdas del ritmo acompasado en el que bailaban nuestros cuerpos?
¿De la cadencia con la que se agitaban nuestros pulsos?
Mi mano acariciaba la geometría de tus lineas.
y en tus sábanas cansado encotraba tregua mi batalla.
Evoco la brisa límpida que refrescaba la alcoba
y el rocio que se posaba curioso al alfeizar de tu ventana,
por donde la tenue luz de la luna se colaba descarada y trazaba para mi tu perfil,
que yo ahora rememoro orgulloso y apenado.
La longeva línea del tiempo deja huella de lo tangible y lo divino,
estremece un sentimiento de soledad que marchita lo vivido.
Consuela poco el soneto que te escribo.
Alivia el alma un adagio mil veces escuchado.
Más la herida de lo pasado no cicatriza ni sana,
mientras sienta joven el alma de este viejo enamorado.



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