La Isla Bonita


Paseaba hoy sereno en la mañana entre esteros y vinagrillos, entre caños y espuertas, y en mi camino divisaba con nostalgia las ruinas de antiguas casas salineras, de viejos molinos de marea cubiertos ya de salvaje retama que viste implacable sus paredes... a duras penas se mantienen en pie, evocan el recuerdo no tan lejano de aquellas pirámides blancas de sal que se extendían a lo lejos y estructuraban con sentido el paisaje de esta ciudad. Hoy tristemente han desaparecido y vienen a ocupar su lugar modernas instalaciones piscícolas en las que apenas nadie repara.

El abandonado esqueleto de una barquita reposa eterna encallada en el estero, espera vencida el paso del tiempo, un fuerte olor a sal invade el entorno... sigo caminando...

Al calor de este sol de invierno tan agradable... bajo el infinito manto celeste que corona estas tierras, me preguntaba ¿de dónde salía tanta luz..?. la claridad del cielo cae tan contundente que trasluce todo cuanto toca. Donde la paleta de colores solo mezcla con el azul y el amarillo, encontré dibujado el mar y la arena, lagunas y senderos, dunas y marismas y donde la naturaleza es caprichosa, traza de intenso verde frondosos paisajes colmados de arbustos salinos, breñas y vecinos pinares. .. así aparece ante mi y ante los ojos del visitante este lienzo tan singular...

Y paseando observaba a Inda mientras perseguía incansable y juguetón el vuelo asustado de alguna terrera o chorlitejo que huyen del acecho torpe y del escandaloso paso del cachorro... Por tramos nos acompañaba el delator canto de los charranes, las cigüeñuelas y como no de alguna revoltosa gaviotilla que habitan estos humedales y que entre isletas y lagunas sus nidos encuentran cobijo...

Con la bajamar estos pajarillos encuentran entre sus fangosas arenas ricos moluscos, crustaceos, gusanos de mar y otros insectos con los que proveerse un buen sustento tanto para ellos como para los que agazapados en los nidos esperan hambrientos arriba en las salinas, donde la pleamar no llega y las familias de aves que nos visitan encuentran descanso...
Son muchas las que en invierno escogen estos parajes, algunas vienen de paso y otras moran perenne, disfrutar de su compañía en mi camino reconforta sobremanera...

Observo no lejos la hilera de dunas que marca el horizonte, tras ellas y ya sin escolta, tras recorrer la extensa y ancha orilla salpicada de conchas y pulidos guijarros... llega a mis pies El Mar... despues del Mar... nada... A mis espaldas... Todo...!


David Temblador.


Comentarios

Entradas populares