Toda una Vida

Recordaba el tacto al tocar tu piel, resbalaba mi mano por tu cuello, la dejaba caer, extrañaba lo sutil de tus pechos, la aspereza de tus pezones, turgentes, fríos y ensalivados. Teníamos 16, 17, 18 años…
Recordaba tu ombligo, profundo, hondo, más bien subterráneo, jugaba con mi lengua hasta provocar eco. Al darte la vuelta aprecie la curva de tu espalda, Te canté al oído esa canción de Revolver que tanto nos gusta, reías… me mirabas infinitamente, sin decir nada, queda, inmóvil, hasta que me cansaba de escucharte y te besaba serenamente para callar esa boca que todo me lo daba… Teníamos 20, 30, 40 años…
Recordaba la frescura de las sabanas en mis piernas, mi frente sudada, tu pelo enredado, confuso, como un laberinto donde se perdían mis dedos… animado por el roce en tus nalgas te despertaba… Teníamos 50, 60, 70 años…
Y mientras te evocaba con lacrimosa senectud, sonaba en mi pecho contenido mi viejo corazón, asfixiado por la memoria, compungido, marchito, anciano, viudo… Un débil tic-tac vencido que espera se acabe la cuerda.
El fuerte suspiro de mi pecho me despertó sobresaltado, pesaroso, débil, mire a mi derecha en vano, sin apenas pretender nada, resignado… ocupe tu lado de la cama, volví a llorar…
El olor del café despeja mi mente por unos instantes, frágil desayuno obligado. El sol de la mañana atravesando el vidrio calienta mi cuello rugoso, un calor agradable inunda los poros de mi piel, la luz me ciega, necesito verte, vuelvo a la cama, lloro…
Y lo mas triste no es esto… lo cruel es levantarse, es salir a la calle, es pasear, sonreír, saludar, el mero pensamiento de intentar seguir me hace sentir un impostor… Disimular duele… Vivir matar… Y por eso vivo.
Toda una vida…


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